jueves, 30 de diciembre de 2010

Estoy harto de escuchar a giles que ensalsan a Borges sin haberlo leído

Javier Sierra - Cordobes - Músico
Estoy harto de escuchar a giles que ensalsan a Borges sin haberlo leído por el sólo hecho de tener prestigio internacional y porque da apariencia de "culto". Y si leyeron algo de Borges fue de pasada y sin hacer una lectura entrelíneas para entender su discurso de fondo. Me da verguenza que un tipo como Borges se presente como el máximo escritor argentino que refleja nuestra identidad por haber hablado de unos compadritos y arrabales (que además son de Buenos Aires capital) que inventó para ocultar su falta de identidad nacional. Cuando se lee a los ingleses y luego se lee a Borges... ya no sorprende. Borges es para mi un fraude más de la oligarquía decadente vendepatria que hundió a nuestro país. Pero lo peor de estos intelectuales racistas que se averguenzan de nuestro mestizaje es la herencia cultural que dejan a los nuevos idiotas con aspiraciones semejantes. Si un indio hubiera escrito esta estupidez de cuento: "El simulacro", estoy seguro que nadie diría que es un gran cuento y mucho menos se enseñaría en las escuelas como éste que les ofrezo a continuación:
Cuento breve: El Simulacro
En uno de los días de julio de 1952, el enlutado apareció en aquel pueblito del Chaco. Era alto, flaco, aindiado, con una cara inexpresiva de opa o de máscara; la gente lo trataba con deferencia, no por él sino por el que representaba o ya era. Eligió un rancho cerca del río; con la ayuda de unas vecinas, armó una tabla sobre dos caballetes y encima una caja de cartón con una muñeca de pelo rubio. Además, encendieron cuatro velas en candeleros altos y pusieron flores alrededor. La gente no tardó en acudir. Viejas desesperadas, chicos atónitos, peones que se quitaban con respeto el casco de corcho, desfilaban ante la caja y repetían: Mi sentido pésame, General. Este, muy compungido, los recibía junto a la cabecera, las manos cruzadas sobre el vientre, como mujer encinta. Alargaba la derecha para estrechar la mano que le tendían y contestaba con entereza y resignación: Era el destino. Se ha hecho todo lo humanamente posible. Una alcancía de lata recibía la cuota de dos pesos y a muchos no les bastó venir una sola vez.
¿Qué suerte de hombre (me pregunto) ideó y ejecutó esa fúnebre farsa? ¿Un fanático, un triste, un alucinado o un impostor y un cínico? ¿Creía ser Perón al representar su doliente papel de viudo macabro? La historia es increíble pero ocurrió y acaso no una vez sino muchas, con distintos actores y con diferencias locales. En ella está la cifra perfecta de una época irreal y es como el reflejo de un sueño o como aquel drama en el drama, que se ve en Hamlet. El enlutado no era Perón y la muñeca rubia no era la mujer Eva Duarte, pero tampoco Perón era Perón ni Eva era Eva sino desconocidos o anónimos (cuyo nombre secreto y cuyo rostro verdadero ignoramos) que figuraron, para el crédulo amor de los arrabales, una crasa mitología.
Jorge Luis Borges

Nota: aclaro que no soy peronista y soy el primer crítico al verticalismo y corrupción del peronismo, pero no soy tan necio como para negar que Perón le dio participación política a millones de oprimidos en Argentina y que su gobierno fue nacionalista. El racismo de Borges, Sarmiento, etc. son una de las raíces de la falta de identidad nacional Argentina que fabrica vendepatrias todo el tiempo y así nos va.
Javier Sierra - Cordobes - Músico

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