domingo, 8 de enero de 2012

Mimby Etá de las mujeres mbya

El Mimby etá (en guaraní: muchas flautas), es un instrumento musical de viento construido con eslabones de una tacuara de la selva misionera denominada takuapí (Merostachys clausenii) Este aerófono autóctono, semejante al sikus, zampoña andina o antara y a la flauta de pan, en su aspecto exterior y por su método de ejecución y su resultado sonoro, presenta, sin embargo, notables peculiaridades.
El Mimby etá está constituido por cinco o más cañitas sueltas: tres notas en terceras mayores, una octava de la quinta y una novena de la tónica. Algunas notas pueden repetirse.
Ej.: si estuviera afinado en Mi mayor, la distribución de las notas sería la siguiente, ascendiendo de izquierda a derecha: Si, Mi, Sol #, Fa# y Si (octava).

Es un instrumento ejecutado por las mujeres, quienes, cuando lo hacen individualmente intercalan el soplido de una y dos cañas a la vez; y cuando lo hacen en grupo comparten las cañas y, sentadas en ronda, con dos o tres tacuaritas sueltas cada una, improvisan melodías.

El material con que se construye este instrumento,

Esta variedad de tacuara debe ser sometida a un riguroso

Se las expone al sol por breves períodos de tiempo hasta que adquieren una coloración amarillenta, ligeramente dorada. Es el momento de cortar la tacuara, separando los eslabones que la componen y seleccionándolas según el largo y el diámetro.
Este sonido los acompaña desde tiempos inmemoriales y aún en estos días puede ser escuchado en las aldeas “... en una choza Mbya no es raro escuchar, un poco antes de clarear el día o en el crepúsculo del anochecer, una plegaria…”(Bartomeu Meliá)
La leyenda del mimby etá (ficción mitológica bilingüe)
Desde antes del amanecer del primer día de la primavera (año nuevo para los Mbya), un susurro musical
(kumbijáre) inundaba el valle del Tekoá Karuguajyy. La jerojy oká reguá, celebrando a Ñamandú, surcaba su elipse ritual sobre el patio del austero opy construido con barro, takuaras y ramas de jejy. En el interior del templo, envuelto en un halo de pety chimbó, el Opyguá “Verá Chunú”, aguardaba a los niños nacidos durante el año que finalizaba. En esta ceremonia bautismal, por inspiración de Tenondeguá Ru Eté, el sacerdote impondría los tradicionales nombres sagrados correspondientes a cada nuevo ser: Karaí, Verá, Araí,
entre otros.
Pero ningún
kyri’i llegó para ser bautizado y el Opyguá, al caer en la cuenta de lo que sucedía, salió al patio del opy y convocó con sonidos de popuguaí a las kuñá kuéry
que se encontraban danzando junto a los demás niños y jóvenes de la comunidad.
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Oipéju yvytú, yvytú porá, yvytú pyaú…sentenció el anciano y rogó a las mujeres que se internaran monte adentro para rogar a Jakaira Chy Eté
porque fructifiquen sus vientres.
Entonando el
jachuká vyapú, como cada vez que iban a la selva en busca de frutas, mieles para alimentarse o takuapí para elaborar sus artesanías, las mujeres desaparecieron kaaguy ruguápy. A medida que avanzaban sentían que Tatachiná envolvía suave pero firmemente sus cuerpos, dificultándoles avanzar y tornándoles invisible el entorno. Impresionadas, detuvieron la marcha silenciando su canto y el paulatino aumento del sonido selvático provocó en ellas un involuntario adormecimiento. En esa profunda ensoñación Jakaira Chy Eté bendijo sus ombligos con ychapy rechá, mientras Takuá Verá Chy Eté les hablaba con voz de aviá depositando en sus manos segmentos de takuapí
de diversos diámetros y longitudes, enseñándoles cómo debían hacerlo sonar con vientos del alma para cumplir el deseo de engendrar nuevas vidas.
Las mujeres mbya saben que el sonido del mimby etá asegura la continuidad de su heredad sobre la tierra.
Vocabulario mbya:

Mbya: La gente adulta; autodenominación de esta etnia de la nación guaraní.
Kumbijáre: Algunos denominan así al conjunto de sonidos que acompañan la danza, otros identifican con esa palabra a ciertos instrumentos musicales.
Tekoá: Morada
Karuguajy’y: Arco iris
Jerojy oká reguá: Danza comunitaria ritual circular.
Ñamandú: Diedad representada por el sol.
Jejy: Especie de palmera.
Opy: Capilla, casa de sanación y bautismo
Pety chimbó: Humo de tabaco
Opyguá: Sacerdote, líder religioso.
Verá Chunú: Trueno luminoso (rayo), nombre propio masculino.
Tenondeguá Ru Eté: Deidad mayor: Nuestro padre verdadero.
Karaí: Señor; Verá: Luminoso; Araí: Cielito.

Kurї’i: Retoño vegetal, aplicable, metafóricamente, a las nuevas vidas humanas
Popuguaí: Instrumento musical de percusión.
Kuñá kuéry: Todas las mujeres.
Oipéju yvytú, yvytú pora, yvytú pyaú: Sopla un viento sagrado y nuevo.
Jakaira Chy Ete: Deidad femenina, la madre verdadera.
Jachuká vyapú: Canto sagrado femenino. Tatáchiná: Llaman así a la niebla, a la que invocan y representan con el humo del tabaco.
Takuapí: Caña hueca y fina.
Tatáchiná: Niebla que vivifica la creación, a la que invocan y representan con el humo del tabaco.
Kaaguy roguápy: Bien adentro del monte
Ychapy rechá: Gotas de rocío.
Aguyjé: Estado de perfección espiritual
Yvy kangá: Huesos de la tierra (esqueleto)
Aviá.: Zorzal, nombre de una melodía tocada con mimby.
Mimby etá: Flautas (varias)
Fuentes de consulta:
Diccionario Mbya-Guaraní-Castellano, de León Cadogan
El Arte Sonoro Mbya, Esa música soñada, de Karoso Zuetta
Este instrumento de viento inspirado en el Mimby etá de los Mbya (Guaraníes) pertenece a la familia de flautas pánicas. Fue desarrollado en la Provincia de Misiones, Argentina, por Karoso Zuetta, músico, poeta e investigador. Allí en su tierra natal descubrió este aerófono aborigen, obtuvo la cañas para su construcción y lo utiliza en sus primera producciones discográficas. A lo largo de dos décadas este artista oriundo de Oberá experimentó con las cañas, intentó diversos diseños para el instrumento y elaboró su técnica de ejecución. El resultado que obtiene es excelente. Desde lo musical, el Mimby Tatá, instrumento que dispone de más de 5 octavas de extensión en escala cromática, en afinación universal, ofrece una gama de posibilidades todavía inexploradas y que recién empiezan a materializarse con este trabajo que estamos presentando.
..." En el verano de 1983, en la Aldea de Perutí, escuché por primera vez el sonido del Mimby tata, instrumento que me sedujo inmediatamente. Fue donde sentí por primera vez la necesidad de investigar las posibilidades del instrumento y del takuapí.
En esos años solía tocar simultáneamente la guitarra y la armónica; pero, al observar las características de esta flauta Mbya, enseguida imaginé la posibilidad de diseñar un colgante que me permitiera reemplazar la armónica por un instrumento autóctono. Con una flauta que construí, en escala diatónica de 12 notas y el colgante adecuado, comencé a ejecutar simultáneamente ambos instrumentos como introducción o como intermedios melódicos de las canciones. Entusiasmado con los resultados musicales iniciales obtenidos, resolví profundizar mi investigación. Busqué en el monte tacuaras de los más variados diámetros y extensiones para completar una escala cromática.
Cerca de Oberá, en el centro de la Provincia de Misiones, en 1991, encontré un verdadero bosque de takuapí: al calor del fuego del sotobosque se habían secado sus raíces conservando una forma exterior perfecta. Con gran cantidad y calidad de materia prima emprendí la tarea de alcanzar la mayor extensión de notas posible. Al cabo de dos años conformé un instrumento de 44 notas cromáticas, yuxtapuestas en doble fila, cuya nota más grave (Mi) mide 50 cm. de largo, 2,5 cm. de diámetro y el espesor de la madera es de unos 2 mm., mientras la más aguda (Do) mide apenas 4,5 cm. de largo, 0,55 cm. de diámetro siendo el espesor de la madera inferior a los 0,7 mm. Actualmente la extensión de la escala se extiende a 56 notas.
La forma del instrumento, ligeramente cóncava hacia adentro, se consigue apoyando las cañas en un molde curvo al momento de fijar los puntos de unión. Siguiendo la disposición de notas de los teclados, la escala del Mimby tata asciende de izquierda a derecha del ejecutante en doble fila: las notas naturales (blancas en el teclado) constituyen la fila interior, las alteraciones (negras en el teclado) la fila externa..."
Porqué Mimby tata o Flauta de fuego?
Una vez encontrada la forma más eficaz de unir las notas de esta flauta inspirada en el Mimby eta y de comenzar a encontrar los recursos técnicos para ejecutar melodías, surgió la necesidad de nombrarla, es decir de encontrar una palabra que sintetizara el carácter y las posibilidades musicales de este original instrumento. Primero la llamé como su homónimo original Mimby eta, luego, para diferenciarla de ésta, la nombré Mimby Mbya; a partir del texto de Cabral Arrechea decidí llamarla Mimby tata o flauta de fuego, pues “... la propia palabra tacuara contiene en sí misma una conceptuosa indicación, sobre el lugar en donde se halla el fuego. Veamos... Ta: apócope de tata: fuego; kua: cueva y ra: en guaraní indica un estado potencial. Resumiendo... tacuara: cueva en donde se encuentra el fuego... para la época de la conquista el Guaraní lograba el fuego por fricción de un palo puntiagudo en una tacuara seca y partir de allí, dándole aire obtenía la llama”…
tratamiento de secado y limpieza para ser utilizada en la construcción de una flauta, aunque es preferible obtener esta materia prima ya seca por el proceso natural; cuando el takuapí es cortado aún verde debe ser deshidratado lentamente y a la sombra, pues acelerar la pérdida de agua de la caña provoca deformaciones en la misma, inutilizándola. Este proceso de secado puede durar varios días, según la humedad del aire y la temperatura ambiente.
el takuapí, es una caña de bambú hueca y fina, de color verde oscuro que crece en zonas selváticas húmedas, preferentemente a orillas de ríos o arroyos o protegido por los grandes árboles. Almacena agua en su interior durante su etapa de crecimiento y presenta una textura exterior áspera, alcanzado a medir hasta cuatro metros de altura. Desarrolla en su base un diámetro de unos 4 cm, haciéndose delgada, curvándose levemente y acortando la distancia entre los nudos hacia la punta, en donde su diámetro es de apenas 20 mm.

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