jueves, 24 de julio de 2014

Girala Yampey ha Kunumi Militantes Guarani – Toikove Guarani

Girala Yampey ha Kunumi
Militantes Guarani – Toikove Guarani

 Kunumi - Girala Yampey

UNA LARGA VIDA POR RECORRER, CON LA POESÍA “JASUKAVY”
Girala Yampey, un paraguayo que hizo patria en Corrientes

Girala Yampey, hijo de padre libanés y madre paraguaya. Fue adoptado en tierras correntinas hace ya 52 años.
Llegó a los 24 años, echado de su tierra natal por el gobierno de Morinigo. Al tiempo lo siguieron sus padres y sus hermanos. Aquí trabajó, sembró y cosechó, formó familia y se dedicó a escribir. Sabe guaraní y lo habla con entendimiento, desmenuzando las palabras hasta recalar en su esencia misma.
De paso al habitual café de la mañana con los amigos, el escritor Girala Yampey llegó hasta El Litoral y dejó un par de libros, gesto de cuidado en un hombre que a los 87 años, tiene la delicadeza de una palabra amable y de un momento que sin apuros se extiende hasta transformarse en una charla, ilustrativa y rica de lo que fue su vida, con mucha historia en su Paraguay natal y otro tanto en esta provincia en la que por mutua adopción se afincó hace 52 años.
Girala Yampey, hijo de padre libanés y madre paraguaya, era gerente del Banco Agrícola en Paraguay, cuando forzosamente tuvo que exiliarse en la Argentina y la costa correntina fue su destino final. “Si me tomaban preso me degollaban, el gobierno del dictador Higinio Morinigo me hizo armar las valijas y mi partida fue triste, como no, quedaron mis padres, mis hermanos, dejé mis ahorros de trabajo”, dice. El mariscal Estigarribia, que asumió como presidente de la República con el golpe de Estado que sucedió a la guerra del Chaco, muere con su esposa al caer el avión en el cual viajaban. Morinigo, su Ministro de Guerra, sube al poder y el calvario de muchos alcanza el nombre de Girala y más tarde al de sus familiares directos.
“Yo era el menor de cuatro varones y dos mujeres y todos nos reunimos en Corrientes para gozar de algo privativo en aquella época: la libertad”.
Amigo del escritor Augusto Roa Bastos y del músico, compositor e intérprete Herminio Giménez, Girala compartió con ellos tertulias literarias y sus noveles aspiraciones como escritor. “De estudiante fundé el diario estudiantil Lucha y con la Federación de Estudiantes Secundarios del Paraguay, otro que se llamó Vanguardia. Después los prohibieron a pesar de que no eramos contestatarios, pero hablar de democracia y libertad era suficiente para que te apresen. Roíta, como llamábamos a Roa Bastos, trabajaba en una casa de cambios en el centro de la ciudad y yo le acercaba mis escritos para la revista Noticias, un gran hombre, estuvo por acá cuando la Universidad Nacional del Nordeste le dio el título de Doctor Honoris Causa”. Girala va acompañando cada historia con una palabra en guaraní que se hace referencia paralela y a propósito se convierte en otro renglón provechoso.
“La poesía es el jasukavy, la esencia, el fluído, el resplandor de la creación. Yo no escribo poesía, solo versos y lo digo porque hay que ser honesto y la poesía es muy alta en su nivel, me hace sufrir, quedo embobado en su mundo y me pierdo”, añade.
En 1947 Girala se estableció en la localidad de Chavarría, compró maquinarias agrícolas y se hizo arrocero. Vendió también relojes, alhajas y seguros. Se casó con Amalia Fadlala, tuvo tres hijos y de ellos ocho nietos. Le gusta la lectura no metódica sino anárquica. “Leo filosofía, no para aplicar sino para saber, escribía a máquina y ahora se acostumbró a la computadora. Menciona su estudio sociológico sobre el Gaucho Lega como uno de sus obras favoritos. Por años utilizó el seudónimo Alión, así lo llamaban sus hermanos. Intentó cantar acompañándose con guitarra en sus tiempos mozos en el Ateneo Paraguayo, pero lo desilusionaron sus propios amigos. Aquí fundó el Taller Literario “Koeyú” que hasta hoy depende de Extensión Universitaria de la Unne. La propuesta fue de Juan José Folguerá y en el libro base están las firmas de Darwy Berti, Jorge Sánchez Aguilar y Elena Zelada de Fiorio.
Nunca fue periodista pero “toca de oido”. Algo aprenderá en los almuerzos que comparte con “Los dinosaurios” el último viernes de cada mes en “El mariscal”.
Girala Yampey fue vice presidente de la Casa Paraguaya y es socio de la Sociedad Argentina de Escritores. Hizo versos para su familia y compendió, en un pequeño librito, el ramillete de árboles ilustres (“Los amigos árboles”) que adornan el paisaje correntino.
Si “uno es artífice de su propio destino”, Girala escapó en buena hora y en el apuro dejó quizás el peso de la materia pero trajo un equipaje difícil de igualar. Con aquellas vivencias y estas otras, el hombre joven se hizo adulto y apeló a sus versos para seguir hablando desde adentro.
Pasaba por del diario y dejó dos libros, “Senderos de mi vida”, de Elías Fadlala Roque y “Herminio Giménez, viento del pueblo”, del formoseño Armando Almada Roche. También dejó esta historia y ojalá vuelva a pasar, si “Ñande ru” lo permite, porque todavía falta contar.

Moni Munilla

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