lunes, 21 de marzo de 2011

Los últimos del eslabón social

Los ache son uno de los 20 pueblos indígenas del Paraguay. Cuando vivían en los montes no les faltaba nada, pero cuando fueron acosados, sufrieron sangrientas persecuciones. Arrancados de su territorio, eran vendidos en los mercados; otros fueron llevados para experimentos científicos. Hoy, al igual que otros nativos, son los últimos del eslabón social. Para María Luisa Duarte, miembro de esta etnia, la Independencia de Paraguay no significó ningún beneficio porque hasta el presente continúan los atropellos.


por Aníbal Modesto Velázquez
http://www.abc.com.py/nota/los-ultimos-del-eslabon-social/

.Los ache vivieron en el monte hasta 1977, cuando salieron los últimos silvícolas. En su hábitat natural no pasaban necesidad, pero con el proceso demográfico y comercial ya era imposible que se mantengan en ese estado. “Las consecuencias, sin embargo, fueron trágicas: muchos miembros de nuestra etnia fueron asesinados”, expresó Duarte.
De acuerdo a las investigaciones de personas interesadas en los nativos, las persecuciones a los aborígenes empezaron en 1900. Las grandes explotaciones yerbateras y la extracción de rollos en el Alto Paraná avanzaban. En el departamento de Caazapá, la compañía Fassardi arremete en Ñumí, y detrás otras grande empresas que entran al monte y allí se realizan los sangrientos contactos.
Duarte explicó que las consecuencias son numerosas muertes para los nativos. “Mi abuelo y abuela fueron asesinados en el monte. Los terratenientes no entraron solamente para asesinar, sino también para sacar a los niños y a los mayores que se rendían. Estos fueron vendidos, lo que hoy ustedes llaman trata de personas”, remarcó.
Relató que al caer en manos de los blancos vivieron en una esclavitud total. “Había una lista de 300 niños secuestrados del monte y fueron vendidos como mercancía. Se ofertaban en el mercado de San Juan Nepomuceno y Tava’i. Otros fueron comercializados en la capital e incluso en el exterior como Estados Unidos, Alemania y Argentina. Algunos fueron tratados como hijos y otros utilizados para experimentos. El caso de Damiana, que fue utilizada como experimento, murió en la Argentina, y el año pasado fueron traídos sus restos del museo de La Plata”, enfatizó.
Según Duarte, existen varios ache que fueron llevados para experimentos científicos.
Para la mujer indígena, los festejos del Bicentenario no significan nada. “Como pueblo estamos sobre un territorio y se tiene en cuenta como un acontecimiento, pero trae muchos recuerdos y amarguras consigo, tal como fue la conquista del Paraguay. “Con la independencia del Paraguay los pueblos indígenas siguieron pisoteados. Nuestros antepasados fueron vendidos, esclavizados y desalojados. Como nación nos permite reflexionar y seguimos buscando la reivindicación. Tenemos muchas comunidades que reclaman tierra o la titulación, como los ache que reclaman la finca 470. El inmueble fue comprado para los mismos, pero no les titulan”, sostuvo.
Para la nación paraguaya, el Bicentenario es muy importante porque recuerda la independencia del yugo español, pero no fue un acontecimiento para reivindicar a los que vivían en estas tierras o a mejorar las condiciones de vida de los aborígenes.

Discriminación
Duarte sostuvo que en el pasado y en el presente sigue la discriminación hacia los indígenas. “Para la sociedad, los nativos siguen siendo los últimos del eslabón de la clase social. El indígena siempre sufre. Si un niño indígena va a una escuela de los blancos es maltratado, golpeado por sus semejantes, se lo margina, se le tiene como alguien que no debe estar allí”, apuntó.
Pero no solo en las escuelas se da esa discriminación. En los hospitales no son atendidos. Nadie quiere tratarle y así pasa deambulando buscando otros centros de salud. “Nunca nos tratan de igual a igual. Nosotros no pedimos que todo el mundo nos abrace o nos bese, pero por lo menos nos trate como personas, que se nos respete en nuestro derecho humano”, apuntó.
A su criterio el Estado debe promover el respeto de los derechos humanos como el acceso a la educación para todos por igual, a la salud y a un buen vivir, con acceso a la tierra. Considera que los sectores públicos y privados deben brindar la oportunidad a los indígenas para que adecuen sus conocimientos y entrar al mundo globalizado y de competencia.
Duarte afirma que los indígenas no son haraganes como muchos dicen. Lo que pasa es que los proyectos se elaboran sin la participación de los indígenas y se les presentan modelos extraños a sus formas de pensar. En ese sentido, consideran que todo proyecto que se quiera ejecutar debe nacer de los nativos, solo así tendrá éxito. Con ellos se deben construir las alternativas, sin embargo, hasta ahora las instituciones siguen pensando por los indígenas y no debe ser así.
Preguntado qué piensa de esas personas que dicen que los indígenas deben ser juntados e incorporados a los proyectos productivos del país, apuntó que puede ser que funcione, pero no va a ser el pensamiento de los nativos y con el tiempo irá al fracaso. “Los indígenas son culturas y en Paraguay hay más de 20 culturas diferentes. Cada pueblo tiene su propia identidad cultural, entonces si queremos que los indígenas progresen se debe trabajar con ellos desde sus mismos pueblos”, enfatizó.
En otro momento abogó por un Estado y ONG que ayuden a implementar la educación para todos, porque es una de las piezas fundamentales para que los nativos progresen y salgan de la miseria. Se debe crear las condiciones para la capacitación y la formación.
Actualmente, muchos niños están fuera del sistema educativo porque al tener problemas sus padres, reclamando tierra con movilizaciones, necesariamente abandonan las comunidades y pierden sus escuelas.
Según Duarte, no solo los alumnos son marginados, los docentes tampoco son tratados como los maestros blancos. Sus sueldos son inferiores y enseñan en condiciones de absoluta miseria. No tienen los implementos, mientras que sus aulas caen a pedazos. ¿Por qué ellos no tienen los beneficios de los blancos?, se preguntó.
Al respecto, destacó que solo la educación da la tranquilidad y lleva a una mejor condición de vida. Teniendo educación se puede progresar y tener los medios para alcanzar el bienestar.
En cuanto a la incursión en la política, destacó que es otra de las deudas de los pueblos nativos. “En ese sentido, cada comunidad tiene su autonomía y decide a quién votar, pero lo ideal es que con el tiempo accedan a una banca para tener voz en la elaboración de las políticas públicas”, concluyó.
“Mi abuelo y abuela fueron asesinados en el monte. Los terratenientes no entraron solamente para asesinar, sino también para sacar a los niños y a los mayores que se rendían. Estos fueron vendidos”.
“Con la independencia los pueblos indígenas siguieron pisoteados. Como nación nos permite reflexionar y seguimos buscando la reivindicación y que se nos respete en nuestros derechos humanos”.
“El indígena siempre sufre. Si un niño nativo va a una escuela de los blancos es maltratado, golpeado por sus semejantes, se lo margina, se le tiene como alguien que no debe estar allí”.

21 de Marzo de 2011 00:00

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